Los
primeros se relacionan con resultados y logros monetarios: aumento de
utilidades, rendimiento sobre la inversión, incremento en el precio de las
acciones. Estos son importantes en cualquier esquema de negocios.
Pero
los que son determinantes son los objetivos estratégicos, que dan como
resultados la posición competitiva de la compañía, incremento adicional en la
participación del mercado, situarse a la delantera de los competidores claves
en la calidad del producto, el servicio al cliente o la innovación, tener
costos generales más bajos que los rivales, mejorar la reputación de la
compañía, alcanzar una posición firme en los mercados internacionales, ejercer
un liderazgo tecnológico, conquistar una ventaja competitiva sustentable u
lograr oportunidades de crecimiento atractivas.
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